A unas cuadras de casa estuve viendo hombres reunidos en las mañanas  esperando que alguien pase y los contrate para un trabajo para el día. Después de tantos meses de verlos, ya casi como “parte del paisaje”, a mediados de Diciembre decidí prepararles algún presente navideño ,como un pequeño gesto para reconocer la dignidad del trabajo, su perseverancia cotidiana a pesar de la incertidumbre, su esperanza y sentido de responsabilidad para con sus familias, esposa, hijos, padres, buscando traer a la casa algún dinero. Preparé entonces dieciséis bolsas con algunos comestibles sanos, y una carta explicando el motivo del regalo, también invitándolos a hacer un acto de gentileza con dos desconocidos en las siguientes 24 horas.

Si ellos hicieran eso, ayudando a alguien, sin necesidad de gastar dinero, y pidieran a esa persona hacer algo bueno para otros dos desconocidos en las próximas 24 horas, en un lapso de apenas dos semanas íbamos a haber creado entre todos una “ola de amor”, tocando más de un millón 47 mil personas! Nada mal para estos tiempos en los que estamos desesperados por encontrar afecto y emociones positivas!

 

Allí fui pues, una mañana  preguntándome como resultaría mi idea. Habría 16 personas? Y qué si había menos? O más? Mientras me acercaba con el carro por el parqueo empece a contar y vi que había más que 16. Antes de que yo pudiera decidir qué hacer, noté que algunos empezaron a acercarse, probablemente pensando que buscaba emplear a alguien. Me bajé del carro y abriendo el baúl, les indiqué que había traído algunos regalos,  disculpándome por no tener suficientes bolsas para todos…

Un hombre de piel oscura miró las bolsas apiladas y con un gesto de decepción murmuró para sí “…oh…sólo eran regalos de Navidad…”



Pude sentir en mi estómago un golpe de dolor, dándome cuenta que lo que estos hombres necesitaban no eran regalos, sino trabajo… Otros comenzaron a acercarse y pronto estaban atropellándose para llevarse una bolsa y no ser el que quedara sin ninguna. Mientras se iban alejando con sus bolsas me miraron con sonrisas, algunos dijeron gracias. Yo me sentí tan mal por no tener suficiente para todos. Un hombre alto y gordo que no había recibido ninguna bolsa se me acercó y mirándome a los ojos me dijo “Dios la bendiga”. Sus palabras tocaron mi corazón, que ya estaba abierto y expuesto a la pena de estos Caballeros Honorables.

Volviendo a casa compartí la experiencia con Ernie, y me largué a llorar. Tan poco había hecho yo, tanta necesidad afuera, tanto dolor, tanta gratitud por tan poco…. Todavía estaba procesando mis sentimientos mientras me puse a abrir mecánicamente la correspondencia acumulada sobre la mesa. Abrí un sobre que contenía seis tarjetas. Eran dibujos hechos por niños, y decían “Gracias”, “Dale una sonrisa a un desconocido”, “Gracias por todo”. Me quedé paralizada al leer esas tarjetas. Las di vuelta y leí el siguiente texto: “Ud acaba de hacer un acto de gentileza con desconocidos. Yo lo he visto, y quiero agradecerle por hacer nuestra comunidad y nuestro mundo un mejor lugar. Por favor acepte estas piezas de arte y pase estas tarjetas a alguien que Ud vea haciendo un acto de gentileza con un desconocido.”

Qué forma de iniciar el día! Unas horas más tarde, yo había compartido esta historia increíble con tres  diferentes personas, y ellas se sintieron inspiradas en participar en esa cadena también, nada más escuchando mi experiencia singular….